La gente se esconde para hacer el amor, pero la violencia se practica a plena luz del día.

(John Lennon)

domingo, 26 de diciembre de 2010

SANTA NO LLEGÓ A HAITÍ

El País nos recuerda la tragedia, hambre y miseria en Haití un año después del terremoto.

Haití sigue nadando en pobreza, ya no son las grietas del terremoto las que hacen mella en la población, sino las grietas de sus almas que han perdido toda esperanza de volver a sentirse personas.

La noticia del El País se refiere especialmente al campamento Cahemaga, en Puerto Príncipe. Se trata de un campamento de refugiados donde malviven 1200 familias sin apenas recursos,  sin intimidad y, si me apuran, por no tener, no tienen ni identidad, allí "viven" como si de una manada de animales se tratara, los tienen recogidos a todos en un lugar, controlados y mínimamente atendidos, pero claro, no se puede pedir más porque de la ayuda española, por ejemplo, solo ha llegado a Haití un 10%, con lo cual no podemos pedir que tengan los servicios mínimos ya que, por lo visto, es preferible cubrir el expediente de la burocracia a asegurarse de que llegue la ayuda que hemos mandado los españoles.
¡¡No podemos callarnos ante este hecho!!

Un campamento es el refugio más rápido y eficaz ante un desastre como este, pero, tras unos meses pasa de ser un refugio de personas a ser un refugio de conciencias, un lugar donde las dejamos descansar pensando que hemos hecho suficiente por ellos.
No es suficiente, ni mucho menos. Nada más tenemos que ver las condiciones en que viven, tienen un sólo riachuelo de agua por el que corren los residuos, los niños bañándose, los animales bebiendo, los restos de la poca comida que tienen... y esta precaria condición del agua lleva de la mano a su amigo el Cólera.

Lo que era un campamento, un lugar de paso, se ha convertido en una pequeña ciudad que cuenta hasta con "agentes del orden". Hablo de pequeña ciudad, medieval por lo menos, porque llevan tanto tiempo allí que hasta hay una diferencia de clases sociales: tiendas raídas con apenas lonas que las cubran a una distancia prudencial de tiendas con cubiertas tersas y nuevas, niños escarbando en el suelo semidesnudos y niñas con lazos de tul barato jugando con sus madres, un maestro bien vestido con la ropa lavada, y un padre deshecho por el cólera... y todo esto sucede porque hemos dado por hecho que esta es la situación, y cuando algo se da por hecho, se hace muy poquito por cambiarlo.


Claro, nosotros ya hemos hecho todo lo posible ¿no? Ya hemos ayudado, ya olvidamos Haití, total, en Haití no hay Navidad.